El mal llamado IoT (Internet of things), ya que no es exactamente así (en realidad son sus cosas en internet), está creando un entorno realmente peligroso; esta tecnología le permite poner en internet sus datos más cualitativos, más fundamentales, más vitales.

Cuando conectan su “cuentapasos” y “quema calorías”, una aplicación que a todo el universo le parece muy útil, los dueños de la plataforma donde tan voluntariamente los usuarios ponen sus datos, los recogen, los procesan y ¡zas!: se ponen a la venta unas zapatillas ergonómicas para runners hechas con los patrones que todos los corredores le ponen en su aplicación. ESTÁN CEDIENDO UNA PROPIEDAD MUY VALIOSA (sus datos anatómicos, biométricos o de fatiga o resistencia)

Cuando arranca el coche desde su casa, poco antes de salir para que el ambiente esté calentito y vayan desempañando los cristales, cuando una vez dentro arranca con el GPS perfectamente activado para que le diga cómo de pesado está el tráfico en su zona y le advierta de los radares, cuando conecta vía USB o Bluetooth su música favorita, USTED ESTÁ COMPARTIENDO sus usos, preferencias, gustos, rutas, temperatura del vehículo y todos los datos cualitativos que sólo usted debería saber, pero que gracias a la tecnología está cediéndolos a quienes pueden crear un perfil de habitabilidad  para el próximo diseño del vehículo ideal.

Cuando en su casa instala a esos “espías” silenciosos y obedientes para que pueda darle “órdenes” (enciende la luz, sube la temperatura, abre el grifo, cierra el garaje…), en realidad, además de conocer su personalidad, están aprovechándose de su estado de ánimo para poder reconocer los registros de la voz, manejando sus inflexiones y tonos, aprendiendo su conducta verbal…la de millones de dólares que les ahorra a las compañías del anillo (Un anillo para gobernarlos a todos),ese oligopolio tan amigable, zares de los contenidos *, y a los que todo el mundo rendimos pleitesía con gusto porque nos permite hacer la vida ¿más fácil?,  y eso sí, pagando por ello. Cuando compramos un dispositivo de estos, tipo Google Home que le permite configurar y controlar dispositivos para controlar miles de luces, cámaras, altavoces y otros dispositivos compatibles desde una sola aplicación, realmente usted está poniendo al zorro a cuidar las gallinas.

Todas estas aplicaciones no son inocuas, y quienes facilitan el acceso a las mismas con la excusa de la comodidad, son sabedores de lo que valen sus datos, sus datos más íntimos. Ellos los valoran más que usted, porque ellos los convierten en desarrollos, innovación y en dinero: cuanto más se capitalizan ellos con menos patrimonio privado y confidencial queda usted.

Los asistentes virtuales, como las aplicaciones vinculadas con la salud o cualquier otro recurso que permite que usted vuelque sus datos más privados e íntimos en ellos, no sólo no son inocuos, sino que comportan muchos riesgos para su privacidad: ropa inteligente, registros hechos con reconocimiento facial, selección de música para usted,  selección de series o películas basadas en su lista de preferencias o en su última búsqueda, registros de los alimentos o de su lista de la cesta de la compra diaria para que no repita pedido, la hoja de ruta de su GPS en función de sus viajes semanales…y un dispositivo con el que “hablar” al llegar a su casa…todo ello en un entorno donde su control ya no es tal… da que pensar.

Recuerde que las grandes compañías*, esos Zares de los contenidos, como Google, Amazon, Apple o Microsoft están invirtiendo millones en el negocio de SU VOZ, usted paga porque le escuchen y utilicen sus registros para sus futuros desarrollos. Una contribución torticera la que buscan estas empresas, a costa de los datos de los usuarios.

Si usted no preserva su privacidad o blinda su entorno íntimo, nadie lo hará por usted y finalmente ocurrirá con todo esto, lo que ya pasó con Facebook. RECUERDE: usted no tiene un perfil en Facebook, Facebook tiene su perfil.